LA MANO DE UNA MUJER

 

Quisiera escribir algo, alejándome un poco de lo que suelo escribir siempre.

 

No tenía muy claro de qué escribir. La vena poética no la tengo muy desarrollada y el tema del amor y los sentimientos no estoy tampoco muy cultivado en esos lances. En la escuela de la vida, dicen, no se puede repetir. Así que me he pasado todo este tiempo, observando, callado…y tomando nota. Se aprende más con la boca cerrada y observando.

 

De pronto, en el silencio de la biblioteca de mi barrio y embriagándome del olor a libros, acudió a mi memoria un vago recuerdo ya casi olvidado, del aroma y la caricia de una mano femenina. Sentir su calor entre mis manos. Cerrar los ojos y llevarma la palma de la palma de su mano a mi rostro, llenando mis pulmones con su aroma. Y sentir la dulce caricia de sus dedos, bajando suavemente desde mis párpados cerrados hasta mi boca. Y caer como en un sueño de adas y ninfas de los bosques, al notar esos mismos dedos, acariciando, enredándose entre mis negros cabellos, que antaño lucían como el azabache.

 

Para la mayoría del género masculino, la mano es la mejor amiga del hombre, sobretodo cuando está solo. Seguramente constará en algún manual de autosatisfacción.

 

La mano, siempre a las órdenes del cerebro que la guía, es de una sofisticación extrema. Tanto sirve para pegar una bofetada como para acariciar. Para saludar a una Reina, o sostener la cabeza de una niña desnutrida.

 

Dos manos juntas sirven para rezar, pero si las agitas una contra la otra, entonces aplauden. Y si una niña las levanta por encima de su cabecita y las hace girar a un lado y al otro, es una niña sordomuda, aplaudiendo.

 

Lo mejor de las manos, son sin duda, los dedos. Esos cilindros articulados por Falanges, Falangitas y Falangetas, que permiten tanto señalar de forma acusadora, como pedir silencio. El meñique sirve para puntear una guitarra, el anular para llevar un anillo y el corazón para insultar…o para satisfacción femenina. Bueno…para eso…sirven todos los deditos.

 

Los dedos combinados entre sí es lo más: permiten hacer un chsquido rítmico en una danza interpretando ” fever”, o para hacer un juramento. El índice con el medio, hacen el signo de la Paz, pero con el meñique, ponen los cuernos.

 

La mano femenina busca ternura. Nos da calor humano y sus caricias nos enseñan el verdadero significado de “amor”, creo recordar vagamente.

 

Pero aún hay algo más que la creación de la mano y sus dedos: su prolongación con un instrumento creado por el ser humano. Esa combinación ha sido, sin duda, la clave de la civilización. Gracias a las manos, con un pico y una pala, se han levantado las más notables obras arquitectónicas, y también han servido para enterrar al hijo asesinado. Una mano más una aguja, han cosido los trajes más elegantes, y con dos agujas, una manta de lana para ti hija. Una mano y un pincel, han pintado los lienzos más emotivos.

 

Para la gente creativa, el lápiz ha sido un sexto dedo. Durante muchos siglos ha servido para definir el origen de las cosas. y para enseñar a escribir a un niño, su nombre. Todo se iniciaba con un boceto manual.

 

Un brindis, pues, por esos bocetos a mano, que ya dejaban claro el carácter de la obra futura. Donde cada autor ya mostraba su peculiar estilo. Y por eso mismo, porque nunca ha habido dos manos iguales con trazos iguales, alguien dibujó a la mujer, …y la hizo única.

 

ojosvendados ermitaño

 

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