La difícil decisión: denunciar al maltratador

 

Una mujer, armándose de valor y siguiendo las voces que dicen: mujer, denuncia el maltrato!, decide denunciar a su esposo porque le le ha llamado “ zorra” y que le va a hacer una caja de madera.

Pero el Juez, santo varón, con “ V”, decide ponerlo en libertad sin cargos: Lo de “ zorra” podía referirse a la astucia del animal. Y lo de “ te voy a hacer una caja de madera”…no tiene por qué referirse a un ataúd. Palabra de Juez. Es decir: que ahora cualquier macho tiene la libertad de cambiarle el nombre a su esposa por el de “ zorra”.

Viendo las últimas decisiones judiciales, no me sorprende. Ya es difícil conseguir que una mujer “ reconozca” que está siendo maltratada. Costó mucho que las mujeres denunciasen. Y más aún que no retiren la denuncia, para que luego llegue el Juez de turno y ponga al maltratador en libertad y en la calle. Y, por tanto, de vuelta al hogar conyugal. Al lado de la misma mujer que se “ atrevió” a denunciarle. Y luego se sorprenden que esa mujer aparezca muerta al día siguiente. Y aún se preguntan por qué el resto de mujeres…se lo piensan dos veces.

Los lazos emocionales, ese control y maltrato psicológico, infligido en ocasiones durante años, antes de llegar esa primera bofetada, la dependencia económica y el miedo a que la justicia, finalmente, se vuelva en contra y le de la espalda, son los motivos principales de las víctimas de maltrato machista.

La denuncia, por sí sola, no sirve de nada si no es respaldada. Les frena la idea de que sus maridos puedan ir a la cárcel, dos, tres años como mucho, y luego que vuelva. En cuanto a la tortura psicológica, la más grave, piensan que no es delito, que es difícil demostrar, que no la creerán…razón no les falta.

Las noticias que se dan por los medios de comunicación, en las que se explica que una mujer ha sido víctima mortal de violencia machista después de haber denunciado, Frena a todas las demás. Y a quien no?! Algo no se está haciendo bien…y no son ellas.

El maltrato psicológico, el control de la mente a esa mujer que ya es víctima: “ su víctima”, si ha preparado bien el terreno, ejerciendo control, haciendo de forma metódica y sistemática que la mujer tenga siempre la autoestima por el suelo ( ya se elige a una mujer propensa), que crea que no puede hacer nada sin él, que no sirve para nada, que es una inútil, o una zorra, o que está gorda…cuando llegue la violencia física, la primera bofetada, el primer puñetazo en la mesa, en la pared, esa mujer ya es un juguete inútil en sus manos. Ya está “ domada”, “ dócil”. Le hace dudar e incluso ella misma, continuamente, llega a aceptar voluntariamente el “ castigo”, porque se siente y está convencida de que ella es la culpable. Y él no dejará de recordarle que ella tiene la culpa de lo que le “ obliga” a hacer. De que se merece eso y más. De que es ella quien le busca. O aún más lejos, y no exagero: que le gusta.

Yo realmente me siento impotente sin poder hacer nada.

Y pensar que, “ la justicia” , se escribe en femenino y se representa con la figura de una mujer.

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