A la sombra de un Baobab

Es una mujer de cara alargada, pómulos altos y piel  bronceada. Tiene una frente amplia y lleva el pelo apretado  en trenzas. Como muchas mujeres en el mundo, ella no sabe cuando nació ni tiene documentos sobre su nacimiento. De niña casi no recibió educación, en parte porque era mujer y se esperaba de ella que ayudara con las labores domésticas. Era todo lo que tenía que saber. Pastoreaba ganado y cuidaba de sus hermanos menores. Su padre solía decir: “mandemos a los hijos a la escuela porque ellos serán quienes proveerán”.  El hermano de Alba, fue forzado a ir a la escuela, donde resultó ser un estudiante indiferente. Alba suplicó que la dejaran ir pero no se lo permitieron. El hermano traía sus libros a casa todas las tardes y Alba  era quien se interesaba por ellos, hasta aprender por si sola a leer y escribir. Al poco tiempo era ella quien hacía la tarea de su hermano cada noche.

   La maestra estaba sorprendida. Él era un estudiante mediocre pero siempre entregaba tareas sobresalientes. Cuando finalmente descubrió  que las tareas estaban escritas con letra distinta a los trabajos en clase, obligó al hermano a confesar. La  maestra habló con el padre de Alba. Le dijo que su hija era un prodigio y pidió que la dejara asistir a clase. Después de mucha discusión, el padre dejó a Alba ir a la escuela durante algunos semestres, pero al poco tiempo la dio en matrimonio a los once años.

   Su esposo le prohibió volver a la escuela. Le molestaba el hecho de que ella supiera leer y escribir y la golpeaba cada vez que ella intentaba practicar leyendo un recorte de periódico. La golpeaba por muchas otras razones también. Ella, odiaba ese matrimonio, pero no tenía salida: “ si eres mujer, y además no tienes educación, Qué más te queda?”, se preguntaba.

   Una voz amiga le dijo que no tenía por qué ser así. Podía fijarse metas a corto plazo y alcanzarlas.

_ Cuales son tus expectativas de futuro, tus sueños? _ preguntó la voz amiga.

   La pregunta confundió a Alba: La mujer solo espera ser entregada en matrimonio, obedecer al esposo y tener hijos. Como todas. No hay otra cosa.

   La voz amiga le insistió en que pensara en cosas que le gustaría  hacer de mayor. Rectificó…de más mayor.

Alba, recelosa, comenzó a pensar. Tímidamente, dijo que quería estudiar.

   La voz le dijo: _ puedes hacerlo. Escribe en un papel todo lo que te gustaría hacer. Metas cortas. Y poco a poco, seguirlas. Quizá no consigas todas. Pero si consigues solo una…Ya tendrás más de lo que tienes ahora.

   Alba comenzó a estudiar por su cuenta, a escondidas de su esposo, al tiempo que criaba a cinco hijos. Con muchos trabajos, con la ayuda de amigos, escribió sus metas en una hoja de papel: “un día quiero ir a Europa”, decía su primera meta. Añadió que quería obtener un título universitario, una Maestría y un Doctorado – todos sueños delicadamente absurdos para una campesina casada en África del Sur, que había recibido menos de un año de educación.

   Pero Alba tomó el papel, lo envolvió en tres pedazos de plástico para protegerlo y lo metió en un frasco viejo. Escondió el frasco debajo  de una roca, en el campo donde pastaban sus animales, a la sombra de un enorme Baobab, con cielo rojo de atardecer.

   Entonces Alba comenzó a tomar clases por correspondencia y a ahorrar un poco de dinero. Su confianza fue creciendo al ver que brillaba en sus estudios. Sorprendió a todos con sus trabajos escolares y los miembros de una asociación extranjera de ayuda a la mujer, en su país, la impulsaron a que debería  pensar en algo real. El ir a estudiar a Europa. Un día recibió la noticia de que había sido aceptada en una Universidad Europea.

   Algunos de los vecinos pensaban que la mujer debía centrarse en criar a sus hijos (nadie pregunta si quiere tener hijos. No es una opción: es lo que una mujer debe hacer),  en lugar de educarse ella misma. – “No puedo hablar de educación de mis hijos cuando ni yo misma tengo educación”- , respondía Alba. – “ Si yo estudio, puedo educar a mis hijos”- Se subió a un avión y viajó a Europa.

   En la Universidad tomó cuantos créditos y becas pudo y trabajó durante la noche para hacerse un poco de dinero. Consiguió su título de licenciatura, trajo a sus cinco hijos a Europa y comenzó su trabajo de Post-grado. Entonces regresó a su pueblo. Sacó de la tierra el frasco donde estaba el papel en el que había escrito sus metas, marcó las cumplidas y volvió a enterrar el frasco.

   En Francia comenzó a trabajar para la Asociación de ayuda a la mujer que le ayudó en África, al  mismo tanto que estudiaba para su Maestría. Cuando la consiguió, Alba de nuevo regresó al pueblo que la vio nacer. Después de abrazar a su madre y a su hermano, llorando, desenterró el frasco y marcó la meta cumplida…actualmente estudia un Doctorado.

   Alba cumplió con los créditos y trabaja en un programa sobre el Sida entre los pobres de África. Se convertirá en una persona económicamente productiva para África y una voz importante en la lucha contra el Sida, en  ese rincón olvidado del mundo. Y cuando reciba su Doctorado, Alba regresará a su pueblo, una vez más, y tras abrazar a sus familiares, llorando, irá al campo, a la sombra de su Baobab protector, a desenterrar el frasco de las ilusiones…una vez más.

   Dedicado con todo el amor y ternura de mi corazón ermitaño, a todas las mujeres, madres solteras, separadas, divorciadas, las que empiezan a caminar por la vida, las que viven enterradas en vida, en un matrimonio de veinte años, que no son felices, y que piensan que no tienen salida. Que ya no hay vida más allá del árbol  que tienen delante. O que a dónde van a ir a sus cuarenta y tantos años. Quizá ese hombre que tienes al lado no es el destinado a darte felicidad. Solo es…una piedra en el camino de tu vida.

                                   Ojosvendados  Ermitaño

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Una respuesta a A la sombra de un Baobab

  1. angela dijo:

    Gracias por este gran homenaje, querer es poder y aqui esta la prueba. La lucha de una persona cuando desea algo con el corazon.
    Bonita historia, de verdad y en este caso alba y yo escribiremos en un papel nuestras metas, las meteremos en un frasco de cristal y las enterraremos a la sombra de un enorme Baobab, con el cielo rojo al atardecer. 😉

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